dijous, 4 de setembre de 2014

En ocasiones veo series (5). Confesiones de una fangirl.

Señoras y señores, es un hecho: mi nuevo amor platónico se llama Benedict Cumberbatch (aunque, por el motivo que sea, mi cerebro se niega a registrar ese nombre y automáticamente dice "cucumber" en vez de "Cumberbatch"). ¿Qué tendrán los británicos? (véase, en la categoría de otros amores platónicos: Ewan McGregor y Colin Firth). ¿Será cierto el tópico del acento? Quien sabe... Hablando de acentos británicos, Michael Sheen esconde el suyo, para dar vida al cada vez más borde William Masters. He aquí las series que me tienen enganchada ahora mismo.


Masters of Sex, temporada 2, capítulos 1 a 7



El final de la primera temporada nos dejó con un cliffhanger relativo, puesto que si sabes cómo terminaron estos dos en la vida real, tampoco tiene mucho misterio. Sin embargo, la tensión sexual se podía respirar en el primer capítulo, que fue de alto voltaje. A partir de ahí, algunos momentos de esta primera mitad de la temporada me han parecido flojillos por comparación, aunque no se puede negar que está siendo una buena temporada. Mención especial para todas las tramas secundarias, que hasta cierto punto son más interesantes que la relación entre Bill y Virginia aunque no se les dé tanta importancia ni minutos. 

Espero que a lo largo de los próximos capítulos se resuelva la relación de Betty con Helen y que haya más interacción entre Bill y Libby. Ambos personajes me están cayendo muy mal, sinceramente, y no me apasiona tampoco que pinten a Virginia como una especie de santa que tiene tiempo para ayudar a todo el mundo, trabajar en varios sitios y además tener un affaire con Masters. ¿Cuándo duerme esta mujer? En cambio, soy muy fan de Betty, ¡queremos más Betty! También espero que vuelvan, en algún capítulo, los Scully, y la doctora de Paul, aunque parece poco probable.

El capítulo siete es con el que más problemas tengo. Justo entre el sexto y el séptimo me planteaba cómo iban a llegar a 1971 (año que Masters y Johnson se casaron) o, como mínimo, hasta 1966, año de la primera publicación de su estudio (según Wikipedia), y va y me hacen varios saltos temporales. Bueeeeno... a ver qué pasa en los próximos capítulos.


Sherlock, temporadas 1, 2 y 3



[CONTIENE SPOILERS] E intentaré no alargarme mucho.

Cuando reseñé las películas de Sherlock Holmes dirigidas por Guy Ritchie, dije algo así como que nunca había sido muy fan del detective de Baker Street y que mi única experiencia era uno de esos libros de lecturas adaptadas para estudiantes de inglés que leíamos en la ESO, que comprendía tres casos. En Facebook y otras redes sociales, los y las fans de la adaptación de la BBC pedían una cuarta temporada de la serie protagonizada por Benedict Cumberbatch (que está hasta en la sopa) como Holmes y Martin Freeman como Watson. Y, como en verano casi todas las series que miro están de pausa, decidí probar con el primer capítulo de Sherlock. Oh, lo que me había perdido...

La idea de situar la acción en la actualidad no es nueva y podría haber tenido muchos problemas (por ejemplo: ¿qué padres son tan crueles, en pleno siglo veinte, de llamar a sus hijos Sherlock y Mycroft?), pero han conseguido adaptar los textos de Sir Arthur Conan Doyle a nuestro tiempo de forma muy convincentes. La caracterización me parece genial y ahora mismo no imagino a nadie más interpretando a Sherlock Holmes como lo hace Benedict Cumberbatch, aunque, igual que con Sheldon Cooper, si fuera una persona real no lo soportaría. Martin Freeman es un John Watson fantástico, si bien alejado de la imagen más gentleman que tenía del personaje, pero muy British al fin y al cabo. Me encanta que todo el mundo dé por hecho que Sherlock y John son pareja y las reacciones de ambos, los comentarios sarcásticos de John cuando Sherlock es un capullo, y los secundarios: mención especial para Mrs. Hudson y para Molly Hooper, aunque Mycroft y Lestrade no se quedan cortos.

Cada temporada se compone de tres capítulos de unos 90 minutos cada uno. La primera temporada nos presenta a Sherlock Holmes, un detective de tendencias psicópatas y sociópatas pero con una capacidad de deducción más que destacable, y a John Watson, médico del ejército británico herido en Afganistán. La serie empieza con John convirtiéndose en el compañero de piso de Sherlock y viéndose involucrado en los casos del genial detective, y en peligro constante por el mismo motivo. Los casos de esta primera temporada tienen un elemento en común: están organizados por la misteriosa figura de Moriarty y que se ha autoproclamado el enemigo natural de Sherlock. 

Conocemos a Moriarty por fin al final del tercer capítulo y será la principal antítesis de Holmes a lo largo de toda la segunda temporada, en la cual se modernizan las aventuras más conocidas del detective: Escándalo en Bohemia (aquí convertido en un un asunto de estado especiado con una dominatrix), El sabueso de los Baskerville y El problema final, especialmente conocido por ser el caso con el que Sir Arthur Conan Doyle quiso poner fin a las aventuras de Sherlock Holmes, a pesar de su popularidad, matando al personaje. La segunda temporada es, para mí, la mejor de todas. De hecho, A Scandal in Belgravia fue mi primer contacto con la serie, ya que vi el capítulo en alemán en la tele austriaca y me enganchó (aunque pensaba que era una película, no una serie, hasta que lo busqué). 

El final de la segunda temporada está directamente relacionado con el inicio de la tercera (de hecho, los guionistas son unos capullos, con perdón, y acaban cada temporada con tanto suspense que me alegro de haber visto las tres temporadas del tirón; si no, la espera se hubiera hecho terrible). Igual que en los libros, resulta que Sherlock no estaba muerto, estaba de parranda ayudando al MI6 a luchar contra el terrorismo internacional, y vuelve a Londres para seguir resolviendo casos. Y ahora, como una fangirl más, a esperar que se estrene la cuarta temporada a finales de 2015.

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